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¿Qué es un eclipse?

Un eclipse ocurre cuando el Sol, la Tierra y la Luna se alinean lo bastante bien como para que uno de los tres cuerpos bloquee, total o parcialmente, la luz que otro recibe o refleja. Es una coincidencia geométrica que sucede con cierta regularidad, pero solo bajo condiciones muy concretas: por eso no hay un eclipse en cada luna nueva ni en cada luna llena, y por eso un eclipse total de Sol es, para cualquier punto del planeta, un espectáculo casi excepcional. Esta página explica qué distingue un eclipse solar de uno lunar, por qué no se repiten cada mes y qué tipos existen de cada uno.

Eclipse solar y eclipse lunar

Un eclipse solar sucede cuando la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra y proyecta su sombra sobre la superficie terrestre. Solo puede ocurrir en luna nueva, la fase en la que la cara iluminada de la Luna mira hacia el espacio y no hacia nosotros. La sombra de la Luna es pequeña comparada con el planeta, así que un eclipse solar —como total o como anular— solo es visible desde una franja estrecha, de unos pocos cientos de kilómetros de ancho, que recorre una parte concreta del globo.

Un eclipse lunar sucede al revés: es la Tierra la que se interpone entre el Sol y la Luna, y proyecta su sombra sobre la superficie lunar. Solo puede ocurrir en luna llena. Como la sombra de la Tierra es mucho mayor que la Luna, un eclipse lunar es visible desde toda la cara nocturna del planeta a la vez, y dura mucho más que uno solar: hasta casi dos horas de totalidad, frente a los pocos minutos, como mucho, de un eclipse solar total.

Hay una tercera diferencia, la que más condiciona cómo se observa cada uno: mirar directamente un eclipse solar sin protección adecuada puede dañar la vista de forma permanente, porque se sigue mirando al Sol. Un eclipse lunar, en cambio, es completamente seguro de observar a simple vista en cualquiera de sus fases: solo se está mirando la Luna reflejando, débilmente, luz solar filtrada por la atmósfera terrestre.

Por qué no hay un eclipse cada mes

La luna nueva y la luna llena se repiten cada 29,5 días —el mes sinódico—, así que si un eclipse dependiera solo de la fase lunar, tendríamos uno solar y uno lunar cada mes. No es así, y la razón es que la órbita de la Luna alrededor de la Tierra no está en el mismo plano que la órbita de la Tierra alrededor del Sol (la eclíptica): está inclinada unos 5,14°. La mayoría de los meses, en la luna nueva o la luna llena, la Luna pasa unos grados por encima o por debajo de la línea que une el Sol y la Tierra, y su sombra —o la de la Tierra, en el caso lunar— pasa de largo sin tocar el otro cuerpo.

La órbita lunar cruza el plano de la eclíptica en dos puntos opuestos, llamados nodo ascendente y nodo descendente. Un eclipse solo puede ocurrir cuando la luna nueva o llena coincide con que la Luna esté cerca de uno de esos dos nodos, dentro de una ventana de unos 18 días alrededor de cada cruce. Esas ventanas, que se repiten dos o, con menos frecuencia, tres veces al año, se llaman temporadas de eclipses, y son el único momento en que un eclipse es geométricamente posible. Los propios nodos, además, no están fijos: se desplazan lentamente por efecto gravitatorio del Sol, completando una vuelta cada 18,6 años.

El resultado es que en un año calendario hay como mínimo dos eclipses solares y hasta cinco, y entre cero y tres lunares. Esa cifra global engaña: la mayoría son parciales o solo visibles desde el océano o zonas deshabitadas, y un eclipse total de Sol solo se ve desde una franja estrechísima. Para un punto fijo cualquiera del planeta, la espera media entre dos eclipses solares totales ronda los 375 años.

Tipos de eclipse solar: total, anular, parcial e híbrido

Que un eclipse solar sea total o anular depende de un detalle casi caprichoso: la distancia de la Luna a la Tierra varía a lo largo de su órbita —que no es circular sino ligeramente elíptica— entre unos 356.500 km en el perigeo y 406.700 km en el apogeo. Ese cambio hace que el tamaño aparente de la Luna en el cielo oscile entre algo mayor y algo menor que el del Sol, que a su vez varía muy poco durante el año. Por pura coincidencia, ambos discos tienen casi el mismo tamaño aparente vistos desde la Tierra.

Cuando el eclipse ocurre con la Luna relativamente cerca, su disco cubre el del Sol por completo: es un eclipse total. Durante los segundos o minutos que dura la totalidad desaparece la luz directa del Sol y se hace visible su corona, la tenue atmósfera exterior que normalmente queda oculta por el brillo del disco solar. Es el único momento en que un eclipse de Sol se puede mirar sin ningún filtro, y solo dentro de la estrecha franja de totalidad.

Cuando ocurre con la Luna relativamente lejos, su disco aparece algo más pequeño que el del Sol y no llega a cubrirlo del todo: queda un anillo brillante de fotosfera visible alrededor de la silueta lunar. Es un eclipse anular, y ese anillo —por fino que parezca— sigue siendo luz solar directa: en un anular nunca se retira el filtro solar, ni siquiera en el instante de máxima cobertura. El eclipse del 26 de enero de 2028, el próximo visible desde España, es de este tipo: con una magnitud de 0,908 deja un anillo que corresponde a un 17,6 % de la luz habitual del Sol, muchísimo más de lo que resulta seguro observar a simple vista.

Cuando el observador está fuera de la franja central pero dentro del área más amplia que alcanza la sombra parcial de la Luna, ve un eclipse parcial: el disco lunar tapa solo una porción del Sol, sin llegar nunca a cubrirlo entero ni a formar el anillo completo. Es, con diferencia, el tipo más común, porque la región desde la que se ve un eclipse parcial es mucho más extensa que la estrecha franja central. Y hay un cuarto tipo, muy poco frecuente —menos del 4 % de los eclipses solares—: el híbrido o anular-total, en el que la curvatura de la Tierra hace que el mismo eclipse sea anular en los extremos de su trayectoria y total en el tramo central, porque la punta de la sombra lunar roza la superficie terrestre justo en el límite.

Los tres tipos de eclipse lunar: total, parcial y penumbral

La sombra que la Tierra proyecta en el espacio tiene dos partes: un núcleo oscuro, la umbra, donde la Tierra bloquea toda la luz solar directa, y un anillo exterior más tenue, la penumbra, donde solo la bloquea en parte. De cuánto de la Luna entra en cada una depende el tipo de eclipse lunar. En un eclipse lunar total, la Luna entera atraviesa la umbra y desaparece la luz solar directa que la ilumina; sin embargo, no se queda a oscuras del todo, porque parte de la luz solar se refracta a través de la atmósfera terrestre y llega hasta ella teñida de rojo —el mismo motivo por el que los atardeceres son rojizos—, lo que le da su característico color cobrizo, conocido popularmente como «luna de sangre».

En un eclipse lunar parcial, solo una parte del disco lunar entra en la umbra, y se ve un mordisco oscuro que avanza y retrocede sobre la superficie de la Luna sin llegar a cubrirla entera. En un eclipse penumbral, el más sutil de los tres, la Luna pasa únicamente por la penumbra: el oscurecimiento es tan ligero que a menudo pasa desapercibido a simple vista. A diferencia de un eclipse solar, cualquiera de los tres tipos de eclipse lunar es completamente seguro de observar sin protección: nunca hay que mirar al Sol, solo a la Luna reflejando su luz.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre un eclipse solar y uno lunar?
En un eclipse solar, la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra y proyecta su sombra sobre una franja estrecha del planeta; solo ocurre en luna nueva y solo es seguro mirarlo con un filtro solar certificado, salvo durante los segundos o minutos de totalidad. En un eclipse lunar, la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna; ocurre en luna llena, es visible desde toda la cara nocturna del planeta a la vez y siempre es seguro observarlo a simple vista.
¿Por qué no se produce un eclipse en cada luna nueva?
Porque la órbita de la Luna está inclinada unos 5,14° respecto al plano en que se mueven la Tierra y el Sol. La mayoría de los meses, en la luna nueva, la Luna pasa unos grados por encima o por debajo de esa línea, y su sombra no llega a tocar la Tierra. Solo cuando la luna nueva coincide con que la Luna esté cerca de uno de los dos nodos donde su órbita cruza ese plano, la alineación es lo bastante precisa para producir un eclipse.
¿Qué es la franja de totalidad?
Es el recorrido, de unos pocos cientos de kilómetros de ancho y varios miles de largo, que la sombra más oscura de la Luna —la umbra— traza sobre la superficie terrestre durante un eclipse solar total. Solo dentro de esa franja se ve el eclipse como total, con el Sol completamente cubierto y su corona visible; fuera de ella, aunque sea a pocos kilómetros, el eclipse se ve siempre parcial.